Revancha. Así se ha catalogado la llegada de Martín Lasarte a Universidad de Chile. Como en el buen cine del que se declara fanático, se ganó una secuela para desafiar a su suerte y no unirse a la lista de buenos técnicos que se han ido del país por la puerta de la cocina.
Es difícil contrastar la suerte con los procesos y trabajos deportivos. Si se obra con planificación e ideas claras, lo más probable es que te vaya bien. La seriedad del trabajo técnico, tan de moda en estos días por los éxitos de Pellegrini, te asegura en un 99,9 por ciento resultados satisfactorios a final de temporada.
Pero incluso el “Ingeniero” lo sabe, después de varias experiencias al más alto nivel, ese ínfimo porcentaje restante te lo da la suerte.
Suerte. Eso quizás le faltó a Martín Lasarte en su anterior paso por el fútbol chileno. Su trabajo dio frutos palpables y todos lo vimos. Mientras Colo Colo se acercaba sin saberlo a su tan mentada estrella 30 y la U olvidaba con malos amantes a su gran amor Sampaoli, la UC fue el gran equipo del fútbol chileno en el último tiempo. Una corona que será por siempre discutida, porque en esa molécula restante que no tuvo la UC venían los títulos nacionales e internacionales para los que simplemente no le dio.
El trabajo serio de Lasarte nunca tuvo premio en forma de campeonatos.Hasta la anémica U de Franco desfiló con la Copa Chile delante de él. Así se fue por la puerta de la cocina a finales del año pasado y resurgió en esta semana como el nuevo técnico de Universidad de Chile, el que dará el vamos a la esperada “era Heller” en el club.
Los párrafos anteriores de seguro me delatan. Me gusta Martín Lasarte.Es un entrenador inteligente, que ve el fútbol como lo vemos todos. Versero podrán decir, pero sólo a simple vista, pues el trabajo que hizo en la precordillera transformó lo que todos veíamos como charla rioplatense en realidad.
Lasarte es de armar equipos espartanos, pelussianos, para los que recuerden esa U 2010 con cariño. Con defensores aguerridos y delanteros goleadores y potentes. Capaces de buscar un resultado y defenderlo cuando el partido sale a contrapelo. Dotados de gallardía para golear de visita y por sobre todo, versátiles en la táctica y con mucha promoción de jóvenes valores.
Qué duda cabe que su estilo es distinto del de Sampaoli. Siempre habrá hinchas que prefieran a ultranza la manera de jugar de esa U 2011. Pero así como “Machete” dijo en su despedida de la UC, a veces los clubes necesitan escuchar voces distintas, y en ese proceso se enmarca su llegada al Romántico. En recordarnos que hay muchas formas de hacer un buen equipo y que a veces es mejor un estilo concreto y bien aplicado que la promesa de una aplanadora que nunca llega.
Escudando al nuevo entrenador no estará Bonini, pero si alguien incluso más importante para este proyecto: Sabino Aguad. La valentía del DT para promover jóvenes, unida al ojo clínico de Aguad para elegir refuerzos pueden traernos bastantes alegrías y volver a conformar un plantel que saque diferencias en Chile y que las pelee todas en torneos sudamericanos.
El peor contra de Lasarte es la suerte. La suerte que le fue esquiva en la UC y que le impidió levantar las copas que en varias ocasiones pintaban como claras. La fama de no ganar torneos es muy útil para molestar al rival, pero no debemos cegarnos por la talla fácil. La UC del oriental era un conjunto sólido que él armó de cero, que más de una rabia nos hizo pasar y que, pese a no ganar nada, las peleó todas.
Allí es donde La Suerte le sonríe a Lasarte
Porque sin ánimo de fogonear: La U no es la UC. El Romántico tiene una gallardía intrínseca que responde de manera natural al estilo “charrúa” de mirar el fútbol. Por eso los técnicos que apelan al corazón y orgullo azul siempre obtienen respuesta. Universidad de Chile es un club humilde pero ganador por naturaleza y eso va a potenciar el mensaje y los conceptos de Lasarte, que ahora tendrá elementos emocionales potentes para armar su idea.
Ahora, en silencio y con todos viendo el mundial, comienza el trabajo de Martín Lasarte. La idiosincrasia del club, un Gerente Deportivo de primer nivel y el espaldarazo del presidente son las armas de “Machete” para realizar el mejor trabajo de su carrera y armar una Universidad de Chile como no vemos hace ya tiempo: ganadora, valiente, con los pies bien plantados y con la hombría que se requiere para defender la camiseta con más mística del país.
Ese es el 99,9 por ciento que el técnico le puede imprimir. El resto es encomendarse a que ahora sí, la secuela de la película sea mejor y que la fortuna le sonría al técnico.
Desde hoy, dependemos de Lasarte y La Suerte.